Los Peligros de la Proyección del Elitismo

(A Spanish version of my article “The Dangers of Elite Projection,” translated by Rodrigo García.)

La Proyección del Elitismo es la creencia entre las personas relativamente influyentes y privilegiadas de que aquello que éstas encuentran conveniente o atractivo es bueno para la sociedad en general. Una vez que se aprenda a reconocer este error común, es fácil verlo por todos lados. Es probablemente la barrera más importante para la creación de ciudades prósperas, justas y liberadoras.

Este no es un llamado a atacar a las élites. Tampoco es una declaración sobre la correcta distribución de riqueza y oportunidad o el derecho de una persona a influenciar el discurso público. La intención es señalar un error que las élites constantemente suelen cometer. Ese error es olvidar que las élites son siempre minoría y que, comúnmente, planear una ciudad o una red de transporte a partir de sus gustos y preferencias resulta en un proyecto que no es funcional para la mayoría. De hecho, ni siquiera la élite minoritaria gusta del resultado final.

Hace un tiempo, cuando estaba presentando una propuesta de transporte público ante la Junta de Directores de una agencia de transporte público de un suburbio californiano, uno de los miembros, que representaba a la ciudad más adinerada del área, se acercó, aclaró su garganta y dijo:

Ahora bien, Señor Walker. Si adoptamos su plan, ¿eso hará que deje mi BMW en el garage?

Por supuesto que la respuesta es no. Pero pensar que esa es una pregunta adecuada para evaluar un sistema de transporte público es un claro ejemplo de la proyección del elitismo. Un multimillonario como este señor pertenece a una pequeña minoría, por lo que no tiene ningún sentido diseñar un sistema de transporte público con base en sus gustos y preferencias. Un transporte público exitoso es un transporte público masivo y no tiene sentido buscar la masificación a través de la atracción de usuarios como él. Quizá él se sentiría atraído a un servicio que lo dejara en la puerta de su casa, le ofreciera un masaje y una copa de vino pero muchas personas preferirían un servicio más congruente con un presupuesto limitado. Así que dejemos que el sector privado les provea ese lujo y asegurémonos que los usuarios paguen por sus impactos.

Por supuesto que no es nuevo que se justifique la inversión que beneficia a las élites como una inversión que sirve al bien común. Por ejemplo, mejorar la vida de los ejecutivos de negocios supuestamente atraerá inversiones a la comunidad. Un proyecto de transporte público especializado supuestamente atraerá la construcción de vivienda de lujo que a su vez incrementará la recaudación. Quizá algunos elementos de estos argumentos son correctos y el término Proyección del Elitismo no es el adecuado. Sin embargo, la mayoría de las proyecciones elitistas no tienen un razonamiento detrás. Es únicamente el hábito inconsciente de asumir que los gustos de uno son un buen reflejo de lo que todas las personas valoran.

Al retar la Proyección del Elitismo estoy siendo completamente razonable. Casi todas las personas se refieren a su propia experiencia al discutir políticas públicas. ¿A quién no le gusta que su experiencia personal sea tomada en cuenta? Pero en una sociedad donde las élites tienen un poder desproporcionado, la tarea súper-humana de resistir su proyección debe estar dentro de las mismas élites. Y yo al ser parte de esas élites – no soy millonario, pero ciertamente tengo educación y privilegios – es mi trabajo también. Como en cualquier intento de ser una mejor persona, es una tarea cansada y nunca estaremos en lo correcto el 100 por ciento de las ocasiones. Por lo tanto, la crítica a la Proyección del Elitismo no puede únicamente desencadenar en ira y enojo. También tiene que ser un proceso empático e indulgente.

De cualquier forma, la Proyección del Elitismo es quizá la primera barrera para lograr ciudades eficientes, justas y liberadoras. La ciudad tiene una característica especial: Funciona para todos solo si funciona para casi todos. Lo mismo puede argumentarse de la sociedad en general, pero sólo en las ciudades esta característica es tan evidente como inevitable.

El tráfico, para usar el ejemplo más obvio, es el resultado de las elecciones de todos en respuesta a la situación de todos. Hasta las élites están atoradas en el tráfico. Hasta hoy, no se ha encontrado solución para liberar a las élites del tráfico y no es porque no se haya intentado. La única solución para el tráfico es solucionarlo para todos y todas y para hacer eso es necesario verlo desde la perspectiva de todos y todas, no sólo desde la de los más privilegiados.

El existente menosprecio al servicio de autobús en las ciudades de Estados Unidos tiene un problema fundamental de Proyección del Elitismo. La única forma en la que el transporte público puede expandirse rápidamente y utilizar con extrema eficiencia el espacio urbano limitado de una ciudad es con autobuses espaciosos que siguen rutas fijas. Pero las élites creen que los autobuses y el servicio que proveen no importan ya que personalmente no es útil para ellos ni ellas.

Durante mis 25 años de carrera he presenciado a líderes urbanos privilegiados – la mayoría con buenas intenciones – buscar exhaustivamente la solución para el transporte público que les permita olvidarse de los autobuses. Ese mismo error alimenta la vaga promesa de la disrupción tecnológica en el transporte público, especialmente la absurda noción matemática de que en zonas urbanas y densas el transporte público llegará hasta tu puerta al llamarlo. (Expertos y expertas serias han abandonado esta idea, pero por desgracia aún se mantiene, minando el apoyo y noción sobre el funcionamiento real del transporte público.)

Ninguna de estas ideas tienen sentido geométrico y por lo tanto no funcionarán para liberar y proveer acceso y movilidad en zonas urbanas y densas. Sin embargo, son ideas atractivas para las élites, atraen la atención del público en general y por lo mismo ayudar a aplazar la inversión tan necesaria en transporte público que millones de personas encontrarían útil y liberadora. Este descuido causa deterioro en el transporte público, generando resultados y decisiones que justifican un mayor descuido y deterioro.

De nuevo, no podemos retar la Proyección del Elitismo hasta que hagamos un examen de conciencia personal. Casi todas las personas que leerán este artículo forman parte de alguna élite. Pero mientras más poder se ostente, más urgente e importante es esta tarea. Debemos preguntarnos: “¿Esta idea funcionaría para mí si estuviera en una situación típica en vez de la posición privilegiada en la que me encuentro?” Ya que si la respuesta es no, tampoco funcionará para la ciudad, lo que significa que al final tampoco funcionará para ti.

(El traductor Rodrigo Garcia es un urbanista especializado en transporte activo y participación comunitaria. Puedes contactarlo en twitter o en su correo electrónico roresendiz@gmail.com)

 

3 Responses to Los Peligros de la Proyección del Elitismo

  1. Pablo Gayosso August 29, 2017 at 12:47 pm #

    Idea revolucionaria, solución de problemas, sin embargo el problema principal es el poder político direccionado al fraude y robo desmedido de diversos sectores involucrados y por ende en cascada.

    Un gran porcentaje estamos convencidos de la necesidad y la solución a este tipo de problemas.

    Sea cual fuera lo positivo, a los sectores encargados de este tipo de problemas y su solución al parecer no les interesa el bien común, que creo es el principal obstáculo.

    Y estoy totalmente de acuerdo y si dejaría mi auto para utilizar el transporte público siempre y cuando existan las garantías que a todos los grupos nos interesa un transporte limpio, seguro, eficaz y bien planeado que llene mis perspectivas y la de los demás.

  2. Spanish translator September 20, 2017 at 1:33 am #

    No podemos retar la Proyección del Elitismo hasta que hagamos un examen de conciencia personal

  3. surveillancekart December 9, 2017 at 4:20 am #

    No necesariamente quiero decir que le preguntamos a las personas qué quieren y se lo damos. Mucha gente quiere cosas que no escalan si todos las usan, como los automóviles en las ciudades. Pero debemos analizar un resultado que sea liberador para todos, no solo para las élites.

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